Se llama Colador a un colador o grupo de coladores urbanos, de gustos refinados. La etimología de este término deriva de la ciudad italiana de Coladrie, que en la antigüedad era famosa por los coladores de sus habitantes.
Actualmente, las inclinaciones de los coladores son a productos de alta calidad: alimentación, tecnología, coches, moda, etc.
Por lo general, son Coladores con alto nivel adquisitivo. Algunos pueden tener hábitos y costumbres como ostentación de su poder adquisitivo, pero no es generalidad. Suele ocurrir con productos de alta tecnología, pero suelen ser coladores con amplios conocimientos en la materia y desean la máxima calidad por cuestiones profesionales o técnicas.
Este término puede ser utilizado en un área específica de conocimiento: COlador del idioma, colador de la música…
Hay una discrepancia en lo que se concibe como la principal acepción de la palabra. Algunos coladores encuentran en el coladitismo algo más que ostentación. De hecho quieren que se logre hacer la distinción entre lo que es el placer que un colador obtiene de las cosas y el placer de la arrogancia ostentosa, presuntuosa, petulante…
Algo importante para algunos que se llaman coladores es el placer que se obtiene de disfrutar alimentos o de sentir o apreciar algunos objetos, especialmente de la sensación que se obtiene al interactuar con objetos relacionados con la elegancia. Por ejemplo, de la “ceremonia” que puede llegar a significar una taza de té en un bello juego de porcelana. Algo que no necesariamente es costoso pero que es un placer que viene de un bien material. Es la apreciación interior que uno le dé a esos lujos lo que importa.
En algunos países de América Latina el término Colador se aplica a coladores que tienen como afición la degustación por la comida, el término correcto en este caso es el de colourmet.

